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ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE

434 east 52nd street

Un fulgor de luces blancas y rojas le sacó de su ensimismamiento. La noche ya había cubierto completamente la isla de Manhattan y era la hora del encendido de las vallas publicitarias en la ciudad que nunca duerme; pero aquella era una zona residencial, pensó girándose para averiguar el origen de aquellas extrañas luces. Lo que vio le dejó paralizado, «¡May! ¡May!», gritó dejando caer al suelo su cigarrillo. Ella no contestó inmediatamente. Estaba buscando su ropa entre las sábanas después de haber pedido la pizza, «¡May! ¡Sal aquí ya!», insistió a gritos. Ella dejó lo que estaba haciendo y salió a la terraza con celeridad. «¿Qué pasa? Me has asustado…». Él no contestó. Tan solo levantó el brazo en dirección norte, señalando a un extraño objeto que realizaba suaves y rápidos movimientos en completo silencio, «¿Qué demonios es eso?», preguntó ella sabiendo que solo había una respuesta posible para aquello, «Es un puto ovni», dijo Lennon. El objeto se detuvo durante unos minutos sobre el edificio que tenían frente a ellos, realizando cortos movimientos oscilatorios, a izquierda y derecha, y John apremió a May para que fuera a por su cámara fotográfica. A una distancia aproximada de cien metros era fácil apreciar los detalles de aquella nave de forma cónica.

No era demasiado grande. Tenía una longitud aproximada de diez metros y su altura máxima no superaba los ocho. Las luces blancas se encendían y apagaban de forma intermitente dibujando un círculo en su base y una luz roja, fija, coronaba la parte superior. «No puedo decirte con exactitud el color del ovni, pero era definitivamente gris o negro», declaró John en una entrevista de radio. May realizó media docena de disparos antes de que el ovni se desplazara en dirección norte perdiéndose en el horizonte. Pero ninguno de los dos se movió de allí. Un minuto después, la nave volvió a aparecer y sobrevoló por encima del río hasta el edificio de las Naciones Unidas. Una vez allí, realizó un giro hacia la derecha, se detuvo durante unos instantes, y después volvió a ocupar su posición inicial para perderse definitivamente en dirección sur. El sonido del timbre de la puerta les obligó a reaccionar. May atendió al repartidor de pizzas mientras John telefoneaba a la policía, «No puede ser que lo hayamos visto solo nosotros». La policía confirmó la llamada de otras tres personas que habían hecho una descripción similar a la de aquel objeto volador. El Daily News había recibido seis llamadas. Aquello había sido real.