THE TROUBADOUR

9081 Santa Monica Boulevard

Alrededor de una pequeña mesa rectangular, aquel heterogéneo grupo charlaba animadamente endulzando sus palabras con Brandy Alexander, un combinado cremoso y dulce a base coñac y crema de cacao muy popular en aquellos días porque servía para suavizar el amargor que dejaba la inhalación de cocaína. Lennon, seducido por el sabor, bebía uno tras otro engañado por su paladar, sin pensar que el brandy comparte posición con el vodka o el whisky en la tabla de graduación de alcohol. Ni siquiera la abstemia May se bebía sus Coca Colas a tanta velocidad. Una absurda conversación con la actriz Pam Grier sobre los cowboys afroamericanos de Colorado derivó en un diálogo más serio sobre su carrera cinematográfica (estaba a punto de estrenar Foxy Brown) y su amor mutuo por la música R&B.

«¿Conoces a Ann Peebles? Vine a verla el mes pasado aquí. Es una mujer imponente», añadió Lennon con los ojos vidriosos. «¿Cómo no voy a conocerla?», contestó ella arrastrando con suavidad las palabras del primer verso de la canción, «I can’t stand the rain…». Harry Nilsson, que había permanecido en estado letárgico hasta ese momento, continuó con las dos líneas siguientes y en la segunda estrofa el trío decidió unir sus voces y cantarla a pleno pulmón, «HEY, WINDOW PANE…», May le apretó la pierna discretamente a John para que se relajara. Estaban llamando la atención de toda la sala. Un fotógrafo del Time, que llevaba varias semanas siguiendo a la pareja, se acercó a su mesa y John, viendo sus intenciones, agarró a May y le dio un apasionado beso en la boca, «Ahora ya tiene lo que quiere y nos dejará en paz», le dijo.