LA CASA DE SANTA MÓNICA

625 pacific coast highway

Paul conocía a la perfección los horarios de John. Prácticamente lo sabían todo el uno sobre el otro. Quizás eso era lo que más les asustaba. Solo con mirarse a los ojos sabían lo que estaban pensando y ninguno de ellos podía fingir. La ironía, el arma que John utilizaba para huir de las preguntas profundas e íntimas, no servía de nada en presencia de su amigo y excompañero de banda. Enfrentarse a la realidad le producía pánico. Por eso, cuando Paul le llevó a la biblioteca para hablar «de un tema importante», John sabía a la perfección de qué se trataba. «Yoko vino a visitarme en Londres», dijo Paul con gravedad. John fingió indiferencia y tomó el taco de billar. «¿Sabes que todavía no me has ganado nunca?». «Joder, John. Esto es serio. No quiero meterme en tu vida. No la tomes conmigo. Soy solo el puto mensajero. Creo que se lo debo. No me porté muy bien con ella. Ninguno de nosotros…». John apreció su sinceridad. «¿Y qué quiere?». «Quiere volver contigo. Así de sencillo». «¿Así de sencillo? Me pone en bandeja a May, se folla a su guitarrista ¿y ahora quiere volver conmigo?». «Joder, John. No dramatices ¿Y qué hay de ti? Estás aquí montando tu numerito a lo Brendan Behan y jugando a ser un teddy boy otra vez, pero esos días ya han pasado, tío. Y los exprimimos. Vaya que si lo hicimos…», dijo esbozando una de sus pícaras sonrisas. John no se sintió atacado. Sabía que Paul le estaba hablando con sinceridad. Siempre lo había hecho. «¿Quieres que te diga la verdad?», le preguntó mirándole a los ojos. «No lo sé. A veces quisiera ir al fin del mundo con May y otras desearía arreglar las cosas con Yoko y quedarme junto a ella sin salir de nuestra habitación. Solos los dos», John bajó la mirada y suavizó la tensión con una de sus habituales bromas, «¿has apuntado lo que he dicho? Aquí hay material para otro original de Lennon & McCartney», dijo recordando los viejos tiempos en los que ambos se reunían en casa de Paul para escribir canciones, aprovechando la ausencia de su padre, cuando ni siquiera podían soñar con lo que vendría después. McCartney apuntaba todas aquellas canciones en un cuaderno escolar, comenzando siempre con la misma fórmula: «Otro original Lennon–McCartney». «¿Todavía tienes aquellos cuadernos?», preguntó John haciendo una concesión a la nostalgia. 

«Jane Asher los tiró durante una limpieza», respondió Paul. «Joder. Ahora entiendo porque te separaste de ella. Estaba muy buena», bromeó. En ese momento entró correteando la pequeña Mary. Paul había acudido junto a Linda y sus tres hijas y May les había dicho que podían bañarse en la piscina, «¿Podemos papá, podemos?». Mientras Mary y Heather disfrutaban del baño, la cohorte de músicos formada nada más y nada menos que por tres exbeatles –John, Paul y Ringo–, Keith Moon y Harry Nilsson, se relajaba junto a la piscina junto a sus amigos y parejas. Mal Evans incluso bromeó con la idea de telefonear a George e invitarle a unirse al grupo. Moon, sentado entre John y Paul, hablaba sobre los viejos tiempos en los que todos deseaban convertirse en los siguientes Beatles. Su grupo, The Who, casi lo logra con My Generation en 1965, pero los Beatles respondieron con Rubber Soul, un álbum que marcaba un punto de inflexión en su carrera y que volvía a dejar a sus competidores fuera de juego. El batería sorprendió a Paul cuando le dijo que Nineteen Hundred And Nighty Five era su canción preferida de Band On The Run, «¿La canción del piano? ¿En serio?», preguntó incrédulo. Moon respondió cantándole a capela toda la canción mientras Stella, la más pequeña de las hijas de Paul y Linda, bailaba delante de ellos. «¿Por qué no la tocamos?», dijo McCartney levantándose de la hamaca en donde estaba recostado. «Antes he visto un piano por ahí dentro». Keith, Ringo, John y el comediante Albert Brooks, recién unido a la reunión, siguieron sus pasos hacia el salón. Starr se sentó en el banco del piano junto a McCartney mientras Moon, con su camisa roja de manisero, aporreaba los bongos. John incluso cantó junto a ellos algún tema de los Beach Boys, pero cuando Paul pasó al repertorio Beatle, Lennon abandonó la estancia. Aún no estaba preparado para ello. La reunión llegó a su fin cuando las limusinas de los músicos estacionaron frente a la casa para recogerles y llevarles al estudio de grabación. «¿Quién me ha movido el set?», se quejó Ringo Starr cuando vio la caja de la batería en el lado contrario y los platillos cambiados de altura. «Paul la estuvo tocando ayer», respondió John. «Joder con Paul, siempre está cogiendo mis cosas…», añadió enojado.